Mostrando entradas con la etiqueta Light painting. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Light painting. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de septiembre de 2013

¡Magia potagia!

Harto de cortar señoritas de buen ver por la mitad, de sacar conejos de las chisteras y de adivinar cartas escogidas al azar, decidí llamar al señor Potter. Sus consejos han sido de gran ayuda y, tras la primera lección, he conseguido, gracias al hechizo "Wingardium Leviosa", crear y hacer levitar un puñado de estrellas sobre la palma de mi mano. Como sé que si no hay foto no os creeríais mis habilidades como brujo, aquí está la prueba:


© David Valdés

La foto se hizo con una Canon EOS 600D usando una apertura de f3.5, velocidad 1/30 segundos, ISO 800 y una distancia focal de 18mm con un objetivo Canon EF-S18-55mm f/3.5-5.6 IS II.

¿Queréis saber cómo se hace el truco sin que os tengáis que matricular en Hogwarts? Normalmente, los hechiceros no develamos nuestros secretos, pero ahí van las palabras mágicas...

Desempolvad las luces del árbol de Navidad y, usando celo, pegadlas a la pared con la forma que más os guste. Yo hice una especie de "flor" que pegué en la cocina, donde tengo una pared blanca bastante grande y lo suficientemente neutra. Como podéis ver en la foto de más abajo, "eliminé" la cenefa de azulejos pegando unos folios blancos.

Para conseguir el desenfoque ("bokeh"), es importante que haya distancia entre el sujeto y el fondo. Aunque las luces también son mi sujeto, lo que me interesa de ellas es el desenfoque, así que mano y pared tenían que estar bastante separadas: aunque en la foto no se aprecie, entre ambas puede haber una distancia de unos tres metros (o más). Además, mi mano está bastante cerca de la camara (aunque la distancia focal parezca alejarla). Aún estando físicamente distantes, el efecto óptico que se busca es que las luces parezcan estar sobre mi mano. Otra cosa a tener en cuenta es la apertura, que debe ser considerable para que se produzca el "bokeh". Como pudisteis ver en los datos, yo usé una f3.5.


© David Valdés
 
Dado que mi mano forma parte de la foto, y que también usé una velocidad relativamente lenta (1/30), tuve que recurrir a un trípode y al mando a distancia (un Canon RC-6). La foto se hizo a oscuras, pues necesitaba un fondo completamente negro sobre el que parecieran "flotar" las estrellas, y éso supone un problema a la hora de enfocar. Para solucionarlo, recurrí a un truco con el que mataba dos pájaros de un tiro: usé una linterna para iluminar mi mano y conseguir que la cámara enfocara y, por otra parte, que esa luz de la linterna creara el efecto de que eran las estrellas las que lo hacían, reforzando la ilusión de que están flotando sobre mi palma. Sólo hay un problema: mando a distancia (1), linterna (2) y mano que posa (3) suman tres elementos, y yo sólo tengo dos manos... Como siempre, solución engorrosa: una mano sale en la foto, otra aprieta el mando a distancia, y la linterna se sujeta con la boca... ¡Muy cómodo todo!


© David Valdés

Pongo la mano en forma de cuenco, la sitúo estrategicamente con respecto a la luces, la ilumino con la linterna, disparo y, con un poco de suerte, conseguimos el "efecto Harry Potter".


© David Valdés

Ahora que ya conocéis el truco, repetid todos conmigo... ¡Wingardium Leviosa!


...et in Arcadia ego.
© David Valdés

viernes, 10 de mayo de 2013

Primer intento de "light painting".

Hace poco asistí a un curso de fotografía nocturna organizado por Entremiradas e impartido por García de Marina. Fruto de los conocimientos adquiridos, me lanzo y presento mi primera foto en este estilo.


© David Valdés


Para hacer esta fotografía utilicé unos juguetitos muy chulos... El orbe está hecho agitando unos hilos de luz que compré en eBay (¿dónde, si no...?). Son unos filamentos parecidos a la fibra óptica, con un recinto para las pilas (que también permite el encendido y el apagado, así como darle diferentes frecuencias luminosas -como los árboles de navidad-). Vienen en diferentes longitudes (yo los escogí de un metro, por aquello de hacerlos más manejables) y colores (de momento, me lancé con azul oscuro, azul claro, rojo y blanco). 


© David Valdés

Otro juguete que participa en la foto es el flash Canon 430EX II.


© Canon

Paso a explicar los detalles técnicos: a mi Canon 600D (obviamente, sobre un trípode y con el estabilizador desactivado) le conecté un diparador para poder utilizar el modo "bulb" (ya sabéis: ese modo en el que el obturador está abierto tanto tiempo como mantengas presionado el botón). Al disparador también le programé un retardo para que, una vez empezara todo el circo, me diera tiempo a colocarme y que la cámara pudiera enfocar (me hubiera gustado hacerlo utilizando el "liveview", pero como no tenía nadie que me ayudara, la tarea se me hacía más difícil).
  
Fui probando, tirando fotos (éstas se podían hacer con la luz encendida. "No problem": sólo buscaba la composición), hasta que di con el encuadre deseado. Ahora sólo era cuestion de recordar dónde me había colocado, y de no tropezar en plena oscuridad...  

Fijé la ISO en 100, la apertura en f22 para que no se me colara luz parásita, que las luces no "quemaran", y para que me diera tiempo a "dibujar" todo. La distancia focal fueron 18mm. En parte fue así porque la habitación donde la hice es pequeña, así que no podía usar mucho más porque me saldría del encuadre, pero también lo hice para exagerar un poco mis facciones y contribuir a crear ese halo de irrealidad.

Antes de disparar, junté el hilo azul y el blanco, los encendí para tenerlos listos, guardé el flash preparado en el bolsillo trasero (mucho cuidadito con la luz "test", que a nada que te descuides, se cuela en la foto), y le asigné la mínima potencia (1/64 en este caso) y un zoom de 24mm. También preparé un lámina de goma EVA de color negro (ya os contaré para qué).

La secuencia de realización es más o menos como sigue: con los cables en la mano, aprieto el disparador y salgo corriendo en plena oscuridad hasta la posición. Antes de que se abra el obturador, comienzo a mover los hilos para que no estén parados y a la cámara no le de tiempo a pillarlos estáticos. Dibujo círculos con ellos (sin ninguna referencia, sólo la estela que dejan en mi retina) durante aproximadamente un minuto (procuro que todo el espacio quede relleno de luz). Cuando considero que la bola ya está hecha, sin dejar de mover los hilos, los voy apagando, y cuando ya no hay luz, los dejo y echo mano al flash.

Con el obturador todavía abierto, coloco mi mano izquierda donde creo que se termina el círculo que previamente dibujé, pongo una pose dramática, con los dedos formando una garra, apunto la palma hacia la cámara, coloco el flash sobre la mano para tomar una referencia, lo separo un poco, y le pego un golpe de luz (procurando que no se vea el botón rojo y que la fuente de luz dé la espalda a la cámara para que no salga en el encuadre).

El obturador sigue abierto, cambio el flash de mano y repito la operación anterior.

Todavía sigue abierto el obturador, cojo el flash, lo acerco a mi cara para tomar una referencia, y luego lo bajo y lo alejo, disparándome directamente (siempre procurando que no se vea ni el piloto rojo ni la fuente de luz). Elegí disparar desde abajo para dar esa iluminación "de candilejas", tétrica... (la típica luz de linterna de los fuegos de campamento que usamos para contar historias de miedo). En pruebas anteriores, puede comprobar que, a veces, se veía la silueta del cabezal del flash, pero me di cuenta de que, si acumulaba suficiente luz con los hilos, podía tapar el cabezal si lo ponía detrás del orbe. 

También en pruebas anteriores pude ver que el "flashazo" hacia arriba se escapaba e iluminaba parcialmente la habitación. Lo solucioné de forma bastante ridícula: después de iluminar las manos, cogí la lámina de goma EVA que mencioné antes (siempre, por supuesto, con el obturador abierto y en plena oscuridad), y con ella me hice un collar tipo isabelino (como el que ponen a los perros enfermos) y me rodeé la cabeza, sujetando la lámina sobre los hombros. De este modo, la luz no se escapaba y dejaba el fondo oscuro.

Después de "flashearme" la cara, sólo quedaba recuperarme de las chiribitas, quitarme la lámina de goma, acercarme con cuidado a la cámara para no tirarla, y darle al diparador para detener la exposición. En total, el obturador estuvo abierto durante 119 segundos, en los que me dio tiempo a hacer todo lo descrito anteriormente. Menos mal que la habitación estaba cerrada a cal y canto, pues cualquiera que me hubiera visto hacer lo que hice delante de una cámara, solo, a oscuras y a pecho descubierto (en pruebas anteriores vi que la camisa se iluminaba al pegar los flashazos), pensaría (no sin cierta razón) que estoy loco de remate.

El resultado me gusta, pero creo que mi cara está subexpuesta. Es obvio que el flash estaba más separado de mi cara que de las manos, así que debí seguir la regla del cuadrado inverso y aumentar la potencia, pero corría el riesgo de que, en medio de la manipulación de los parámetros, la pantalla del flash saliera en la foto. La próxima vez, tendré preparadas dos unidades: una para las manos, y otra para la cara. 

¿Os gusta? Animaos, pues este tipo de fotografía es muy resultona y divertida.


...et in Arcadia ego.
© David Valdés